Contrato traducción freelance España
El contrato de traducción freelance en España regula cuestiones que no aparecen en contratos genéricos: la propiedad de la memoria de traducción, la confidencialidad de documentos sensibles, la responsabilidad por errores y las exigencias de la traducción jurada.
Qué hace diferente al contrato de traducción
La traducción freelance combina prestación de servicios, propiedad intelectual sobre una obra derivada, responsabilidad profesional por el contenido y, en muchos casos, obligaciones de confidencialidad especialmente intensas. Un abogado que entrega un documento traducido erróneamente pierde un juicio. Una empresa que filtra una traducción de su oferta de adquisición puede perder millones. Los contratos de traducción deben reflejar ese riesgo.
El marco legal de la traducción en España tiene dos pilares. El Real Decreto Legislativo 1/1996 (Ley de Propiedad Intelectual, LPI) establece en su artículo 11 que las traducciones son obras derivadas protegidas: el traductor tiene derechos propios sobre su trabajo, distintos e independientes de los derechos del autor original. El Código Civil (artículos 1544 y siguientes) regula el contrato de prestación de servicios en el que se encuadra la relación entre el traductor freelance y su cliente.
La propiedad intelectual de la traducción
El traductor que crea una traducción original —no una mera transcripción mecánica— es autor de una obra derivada bajo el artículo 11 LPI. Sus derechos incluyen:
Derechos morales irrenunciables (artículo 14 LPI):
- El derecho a que su nombre figure como traductor de la obra publicada
- El derecho a la integridad: oponerse a modificaciones que distorsionen la traducción
Derechos patrimoniales cedibles (artículos 17 a 23 LPI):
- Reproducción, distribución, comunicación pública y transformación de la traducción
Para que el cliente pueda usar, publicar o distribuir la traducción, el contrato debe incluir una cesión de los derechos patrimoniales con los parámetros habituales: modalidades de uso, territorio, duración, carácter exclusivo o no.
Una cláusula específica para traducción:
"El traductor cede al cliente los derechos de reproducción y comunicación pública de la traducción, para su uso en [medios concretos], en el territorio de [ámbito], durante [plazo]. La cesión queda condicionada al pago íntegro de los honorarios. El cliente podrá publicar la traducción mencionando al traductor como autor de la versión en [idioma destino], salvo que el traductor haya renunciado expresamente al ejercicio de su derecho de paternidad."
La memoria de traducción: el activo que nadie negocia
La memoria de traducción (TM) es la base de datos bilingüe generada durante el proceso de traducción mediante herramientas CAT (Computer-Assisted Translation): SDL Trados, memoQ, Wordfast. Almacena pares de segmentos —fragmento original y su traducción correspondiente— y permite reutilizar traducciones previas en proyectos futuros, con el consiguiente ahorro de tiempo.
La TM tiene un valor económico significativo, especialmente para clientes con grandes volúmenes de documentación técnica o legal en el mismo dominio. Sin cláusula expresa en el contrato, la propiedad de la TM es disputada.
Tres posiciones posibles en el contrato:
TM del cliente: la TM generada a partir de los contenidos del cliente es de su propiedad. El traductor puede retener solo los segmentos genéricos (sin terminología propietaria) para su uso en otros proyectos del mismo dominio. Esta es la posición más común en contratos con grandes corporaciones.
TM del traductor: el traductor retiene la TM íntegramente como parte de sus recursos profesionales. El cliente obtiene la traducción, pero no la base de datos. Esta posición es más frecuente en traductores que trabajan principalmente con agencias.
TM compartida: ambas partes tienen acceso a la TM. El traductor puede usarla en proyectos de terceros no competidores; el cliente puede compartirla con otros traductores que trabajen en sus textos. Requiere regulación cuidadosa para evitar fugas de información propietaria.
Confidencialidad: más intensa en traducción que en otros servicios
El traductor accede al contenido completo del documento original: contratos comerciales, documentos de due diligence, historiales médicos, expedientes judiciales, propuestas técnicas, información financiera no publicada. En pocos servicios profesionales el nivel de acceso a información sensible es tan alto y tan sistemático.
La cláusula de confidencialidad para traductores debe ser más detallada que la estándar:
- Definición amplia de información confidencial: no solo lo marcado expresamente, sino todos los documentos encargados por el cliente
- Prohibición de usar el contenido de los documentos para cualquier fin distinto de la traducción
- Prohibición de mencionar al cliente o los proyectos en portfolio o currículum sin autorización previa
- Obligación de destruir o devolver los documentos originales tras la entrega de la traducción, si el cliente lo solicita
- Aplicación del RGPD si los documentos contienen datos personales de terceros (historiales médicos, expedientes de personal, datos de clientes)
Responsabilidad por errores: cómo limitar la exposición del traductor
El traductor es responsable de los errores causados por su negligencia. Pero la responsabilidad puede ser ilimitada sin una cláusula de limitación, lo que es especialmente problemático cuando un error de traducción tiene consecuencias legales, médicas o financieras directas.
Las causas de error que son responsabilidad del cliente y que el contrato debe recoger expresamente:
- Terminología técnica no definida en el glosario proporcionado por el cliente
- Instrucciones de estilo o tono no comunicadas por escrito antes del inicio del proyecto
- Documentos fuente con errores, ambigüedades o inconsistencias no señaladas al traductor
- Plazos de entrega tan ajustados que impiden una revisión adecuada (el traductor debe dejar constancia escrita de que el plazo no permite garantizar la calidad habitual)
La cláusula de limitación de responsabilidad del traductor debe fijar un tope indemnizatorio equivalente a los honorarios cobrados por el proyecto en cuestión, excluyendo daños indirectos, lucro cesante y pérdidas consecuenciales.
La traducción jurada: un servicio con responsabilidad reforzada
La traducción jurada o certificada —realizada por un Intérprete Jurado oficial designado por el Ministerio de Asuntos Exteriores— tiene efectos jurídicos ante las autoridades españolas y en los países signatarios del Convenio de La Haya sobre la Apostilla.
El contrato para traducción jurada debe regular adicionalmente:
- Que el servicio solo puede prestarse por el Intérprete Jurado con habilitación oficial para el par de idiomas correspondiente
- Los documentos concretos incluidos en el encargo y la combinación idiomática
- Que los errores en una traducción jurada pueden tener consecuencias jurídicas directas (rechazo de visado, nulidad de documentos, retrasos en procedimientos legales)
- El plazo de entrega, con las condiciones de urgencia y el suplemento de precio correspondiente
- Si se incluye o no el apostillado del documento original
Precio por palabras, por hora o por proyecto
El modelo de precio más habitual en traducción es por palabra (de origen o de destino), con tarifas que varían según el par de idiomas, la especialidad y la urgencia. El contrato debe especificar:
- Unidad de medida: palabras del texto de origen o del texto de destino
- Tarifa por palabra y cómo se aplican los descuentos de coincidencias de memoria (fuzzy matches, repeticiones, 100% matches)
- Recargo por urgencia: porcentaje adicional sobre la tarifa estándar para entregas en menos de X horas
- Precio mínimo por encargo: muchos traductores fijan un mínimo independientemente del volumen
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Preguntas frecuentes
¿Tiene derechos de autor el traductor sobre su traducción?
Sí. La traducción es una obra derivada protegida por el artículo 11 de la LPI. El traductor tiene derechos morales irrenunciables (paternidad, integridad) y derechos patrimoniales cedibles al cliente mediante cláusula expresa.
¿A quién pertenece la memoria de traducción?
Depende del contrato. Sin cláusula expresa, la propiedad es disputada. El acuerdo más habitual en proyectos corporativos es que la TM de los contenidos propietarios pertenece al cliente, mientras el traductor retiene los segmentos genéricos.
¿Qué responsabilidad tiene el traductor por errores?
Responde por errores debidos a su negligencia, pero con un tope indemnizatorio equivalente a los honorarios cobrados. Los errores causados por documentos fuente defectuosos, terminología no definida o plazos imposibles son responsabilidad del cliente.
¿La traducción jurada necesita contrato especial?
Sí, con cláusulas adicionales sobre habilitación oficial, documentos incluidos y consecuencias jurídicas de los errores. La traducción jurada tiene efectos legales ante autoridades españolas y signatarios del Convenio de La Haya.
¿Puede el cliente publicar la traducción sin mencionar al traductor?
Solo si el traductor acepta no ejercer su derecho de paternidad (artículo 14 LPI). Este derecho es irrenunciable en abstracto, pero puede no ejercerse por acuerdo. Para traducciones literarias o académicas, el crédito autoral suele ser no negociable.
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